Cruce centenario de la cordillera

Santiago de Chile, 25 de abril de 2012

Para recordar el centenario del cruce de la cordillera de Manuel Rojas, la recién creada Fundación Manuel Rojas dio a conocer sus actividades en diferentes medios nacionales. Es en abril de 1912 que el escritor, entonces de 16 años, llega a Chile después de cruzar la Cordillera de los Andes a pie con un grupo de anarquistas. Esta experiencia fundamental marca su inicio en la literatura y será relatada en varios de sus cuentos y novelas.

Un cruce centenario

Aquí se recogen tres artículos de prensa sobre el centenario del cruce de la cordillera de Manuel Rojas y las actividades de la recién creada Fundación Manuel Rojas

Javier García – El otro centenario de Manuel Rojas: su cruce a pie por la cordillera.

Diario La Tercera – Santiago de Chile, 15 de abril de 2012

Parecía el rugido de una manada de leones. Un bramido descomunal. Era el viento que golpeaba entre las rocas, quebradas y picos de la cordillera. Un espectáculo “horrible y hermoso” recordaría Manuel Rojas. Era una noche de abril de 1912 y el escritor, entonces de 16 años, cruzaba los Andes a pie con un grupo de anarquistas. Entre la ventisca y la nieve avanzaban apenas. De pronto se acabó el camino: un rodado lo había tapado con hielo. Uno de los hombres sacó un cuchillo, lo enterró en la nieve endurecida y comenzó a cruzar. Abajo se habría el abismo. “Nunca, como en aquel momento, me he sentido más cerca de la muerte”, anotaría Rojas.

El 29 de abril de 1912, después de cuatro largas jornadas a pie, el escritor llegó a Chile desde Mendoza. Aquí comenzaría una nueva vida.

Hijo de chilenos, Rojas había nacido en Buenos Aires en 1896, donde se crió “en un barrio proletario, un poco abandonado, como todo lo proletario”, escribió en su autobiografía Imágenes de infancia y adolescencia. En ella también cuenta que a los cuatro años vino a Chile por primera vez.

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Pedro Pablo Guerrero – El gran paso de Manuel Rojas

Diario El Mercurio – Santiago de Chile, 27 de mayo de 2012

A los 16 años cruzó a pie la cordillera de los Andes desde Argentina. La experiencia marcó su comienzo en la literatura. Una serie de iniciativas recuerdan la fecha, la mayoría de ellas impulsadas por la recién creada Fundación Manuel Rojas.

“Nunca, como aquel momento, me he sentido más cerca de la muerte”, escribe el narrador del cuento Laguna después de atravesar un rodado de nieve al borde de un precipicio. El 29 de abril de 1912, luego de cruzar los Andes mitad a pie, mitad como polizón de un tren de carga, Manuel Rojas llegó a Santiago proveniente de Mendoza. Tenía apenas 16 años. La primera noche se alojó en un cité de la calle Brasil. “Durante varios meses vagué de un conventillo a otro, leyendo, trabajando a veces, y hablando sin cesar de anarquismo, de literatura, de ladrones, de mujeres, de aventuras, de viajes”, recordaría más tarde.

 Así fue como llegó al país de sus padres uno de los más destacados narradores chilenos de todos los tiempos. Había nacido en Buenos Aires el 8 de enero de 1896. No es de extrañar que su gran amigo de entonces, José Domingo Gómez Rojas, dedique uno de sus poemas “Al bohemio argentino Manuel Rojas”.

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Mauricio Electorat – La cortina de baño y el canon nacional

Diario El Mercurio – Santiago de Chile, 3 de junio de 2012

Lo curioso no es que Manuel Rojas “regrese” a nuestras librerías, que se lo celebre y que vuelva a ocupar, como se merece, un lugar preeminente en el canon de nuestra literatura. Lo que nos debe interpelar es que haya salido de dicho canon.

Siempre me ha llamado la atención que en Chile exista un solo modelo de cortina de baño. No me refiero a los diseños sino al largo, que se calcula normalmente desde la barra hasta el borde de la tina, o de la ducha. (…) Saco a colación este tema no por hacer humor, sino porque en el repertorio de objetos industriales al alcance de una sociedad podemos “leer” muchos rasgos de dicha comunidad. La falta de diversidad de cortinas de baño dice algo sobre nuestro gusto por la uniformidad, sobre la falta de diversidad en muchos otros ámbitos de nuestra vida colectiva (sería interesante dedicarle algunas páginas a la moda en Chile, como una práctica que en vez de expresar singularidad, es ante todo manifestación de pertenencia social).

Pero vayamos a la literatura. Leo, con regocijo, que estamos en el año de Manuel Rojas, de quién se reeditará una serie de libros, con motivo de la conmemoración de su llegada a Chile en 1912. Lo curioso en este caso no es que Manuel Rojas “regrese” a nuestras librerías, que se lo celebre y que vuelva a ocupar, como se merece, un lugar preeminente en el canon de nuestra literatura. Lo que nos debe interpelar es que haya salido de dicho canon. Lo curioso, y diría lo escandaloso, es que haya habido décadas durante las cuales un lector de Manuel Rojas, y hablo por experiencia propia, debía procurarse sus libros rebuscando en librerías de segunda mano y no siempre con fortuna.

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