La banda “Aniceto”

Fundación Manuel Rojas. Santiago de Chile, 19 de julio de 2015

Me afirmo de las raíces / Reconozco al relámpago que soy yo / Me voy con los que ya se fueron / Abrazado a los que están por desaparecer… Estos hermosos versos pertenecen a la banda chilena Aniceto, agrupación porteña de música alternativa que fusiona rock y literatura. El nombre de la banda se inspira en las historias de “Aniceto Hevia”, protagonista de Hijo de ladrón y de la tetralogía fundamental de Manuel Rojas, compuesta además por sus novelas Sombras contra el muro, Mejor que el vino y La oscura vida radiante.

En sus seis años de trayectoria, la banda Aniceto cuenta con dos trabajos discográficos: Viajando entre los mismos techos (2009) y Sobre un trampolín (2013), discos que transitan entre el rock, el pop y la fusión. El single “Lanzallamas” de Sobre un trampolín fue seleccionado finalista en el VIII concurso de composición Luis Advis, organizado por el Consejo Nacional de la Cultura y Las Artes.

El camino recorrido por la banda hasta hoy los ha llevado a diversas ciudades de Chile y particularmente de la V Región; en Valparaíso, su tierra natal, es una de las agrupaciones musicales más destacadas de la vida cultural porteña. Actualmente los integrantes de Aniceto trabajan en un ciclo que incluirá nuevas canciones, en donde sobresale una composición basada en el ensayo vanguardista de Manuel Rojas Las máquinas de Erewhon, publicado en 1936 en el libro De la poesía a la revolución. El concierto que dio inicio a este ciclo se realizó el mes de julio en la IV Feria del Libro de la ciudad de Villa Alemana, la que dedicó un día completo a la obra de Manuel Rojas.

La Banda Aniceto: “Las máquinas de Erewhon” en la Feria del Libro de Villa Alemana

La Fundación Manuel Rojas considera el trabajo de la banda Aniceto como una indispensable contribución a la difusión de la obra del escritor y al realce de su vigencia y contemporaneidad. Para conocer mejor la historia y los proyectos de la banda porteña, conversamos con dos de sus actuales integrantes: el guitarrista y compositor, Iván Toledo Acuña y el bajista, Rodrigo Quiroz Encina.

Entrevista a la banda Aniceto

A Manuel Rojas siempre le impresionó que nunca le preguntaran, en ninguna de las múltiples entrevista que dio: ¿el por qué escribió? ¿Por qué hace música el cuarteto de la banda Aniceto?

15.07.Aniceto2Iván: creo que tocamos juntos porque nos gusta seguir la imprescindible línea de la complicidad, nos interesa generar una suerte de simbiosis y apostamos a que a partir de la mezcla de los mundos musicales de cada uno de nosotros se moldee el sonido y el espíritu de la banda. Eso nos motiva, ser una única voz alimentada por varias voces; me parece que ahí está la mayor satisfacción en la experiencia de tocar en grupo.

Ahora, del por qué hacemos música, no lo sé, me atrevería a decir que simplemente por las ganas de hacerlo. Personalmente, creo que mi gusto por la música nace de chico; recuerdo una radio siempre sonando en mi casa y a mi mamá cantando viejas canciones de rocanrol mientras enceraba el piso de madera y ordenaba la casa. Creo que esta rutina hogareña fue como una especie de inconsciente chispa inicial, la cual me acercó a la guitarra y al deseo de querer conocer un poco más sobre la música; siempre hay más de una razón para las cosas, pero, remontándose al origen, me tinca que lo mío con la música partió por ahí.

En cierta forma, adoptando el nombre de Aniceto, proponen que el personaje principal de las novelas de Manuel Rojas y su alter-ego literario pueda ser un “Cantante Pop”. ¿Por qué componen inspirándose en la mirada que tiene del mundo Aniceto Hevia?

Iván: me parece que siempre hay algo misterioso en el ejercicio de componer música, algo de misterio y algo de patudez también; con tanta obra maestra que ya se ha creado, a veces uno se siente extremadamente minimizado, pero reconozco también una necesidad vital en este ejercicio y no queda otra que atreverse nomás, sin misericordia alguna.

Teorizando un poco, pienso que el impulso creativo se nutre de experiencias y emociones recogidas en el día a día, obedece al hecho de existir en un lugar y en un tiempo determinado, y hay una parte esencial de esto que se relaciona más con la intuición que con un razonamiento lógico, he ahí el misterio; también tiene que ver con plasmar mediante una técnica y un lenguaje artístico (mayor o menormente logrado, y ojalá con la conciencia de que nunca se terminará de aprender) un ideal de vida o un deseo en particular.

Me identifico con “Aniceto Hevia” por su inherente espíritu libre, me siento cerca de él en el cotidiano, en el perseguir la posibilidad de un ideal de sociedad y en una búsqueda constante de autenticidad; en este plano, Aniceto Hevia aparece en mis canciones, no tanto como un cantante pop, sino más bien como el eco de un auténtico personaje libertario con el cual me siento inevitablemente identificado.

La lírica de la banda tiene una fuerte influencia literaria. De Manuel Rojas, como bien dicen, rescatan el deseo permanente de libertad de un Aniceto errante, sin pasado, pero que emerge a una vida artística radiante desde las oscuras y sombras calles de Buenos Aires, Valparaíso y Santiago. ¿Qué otros influencias músico-literarias inspiran sus composiciones?

Rodrigo: Desde mi lugar, o sea, desde interpretar la música de Iván y los textos de inspiración Anicetística, mi labor apunta a la simplicidad, a maravillarse con un sonido, uno sólo… como cuando éramos chicos y nos quedábamos pegados en una sola nota, en un sonido, jugando con él, percibiéndolo desde diferentes lados anímicos, dejándose encantar por él, haciéndose su amigo.

Me encantan las mezclas, todo es mezcla, todo es diversidad: Chejov y Bob Marley, Coltrane y Hernán Rivera Letelier, Cortázar y James Brown. Todo es influencia. El ritmo posee varias similitudes cuando se habla de literatura y música. Sin ser un estudioso del encuentro entre ambas, leo y escucho bastante, pero no busco juntarlas a propósito… aunque entiendo que se juntan y se funden.

Sus críticos dicen que Aniceto usa un leguaje musical ecléctico y un método de composición colectivo, y que a la vez se escuchan variadas influencias que van desde el rock latino, el folk, el jazz y el rock clásico… ¿Qué hay de todo esto?

Rodrigo: Antes de opinar acerca de la crítica, quisiera decir que me parece que la tendencia de hablar acerca de lo que ya se ha comunicado, puede llegar a ser un ejercicio que ensucia bastante.

Me parece que un artista intenta comunicar de la mejor manera posible lo que piensa y siente respecto de algún tema, y lo hace con sus herramientas, las que componen su arte. Y, aunque este fuere la palabra –como en el caso de la literatura y el canto–, pretender que explique con palabras su trabajo, no es más que faltarle el respeto a lo que ya te ha entregado por otro medio, es casi hacerse el desentendido de su obra. Convengamos en que no es de un político chileno de quien hablamos, sino de un comunicador de emociones, si alguien osa pedirle que “explique” su obra: o bien no prestó suficiente atención, o bien no entendió nada, o bien le falta el respeto. Pienso que, atinadamente, los artistas no le prestan atención a los llamados críticos, simplemente porque son críticos y no artistas, no son sus iguales, no se pueden valorar o admirar ni creer en ellos.

Creo profundamente que los nombres que se le dan a determinadas formas de música son herramientas que algunas veces usan los músicos para comunicarse, también lo usan empresas relacionadas con la industria de la música para vender. Para Aniceto es bien difícil ser purista en un “estilo musical” ya que no creemos en ellos, más bien creemos en Aniceto, en nosotros mismos, en encontrar nuestra forma de comunicarnos por medio del sonido, en caminar nuestro sendero.

Por último, quiero decir que nuestro método de composición no es colectivo, lo que es colectivo es el arreglo al que llegamos, pero lo que llamamos “el tema” llega a buen puerto en la sala de ensayo, después que Iván hace lo que más ama: tocar la guitarra en su casa de Limache y esperar, tocando, que los sonidos se junten con las emociones en una cosa que terminamos llamando canción.

¿Qué nos pueden decir de “Las máquinas de Erewhon” el ensayo de Manuel Rojas que recientemente han musicalizado?

Iván: lo primero que me llamó la atención de este texto es que está basado en una novela inglesa escrita en el siglo XIX, en donde se relata la existencia de una sociedad muy particular que, entre otras cosas, vive sin máquina alguna. A partir de esta novela, Rojas escribió sobre la especie humana y su progresiva condición de sirviente de sus propias máquinas, en donde la capacidad de creación y el placer por el trabajo desaparecen irremediablemente. Todo un tema este, en particular hoy, cuando además de creernos dueños y amos de todo, sufrimos de aquella y de otra esclavitud: la esclavitud de la producción y del apremiante consumo, en donde hay muchas máquinas, y donde la acción de trabajar está asociada exclusivamente a la obtención de dinero; no existe la satisfacción por el laburo en sí mismo y se extingue dramáticamente el amor por el oficio, ya que no solamente –como dice Rojas en el ensayo– las máquinas han reemplazado las tareas humanas y estamos ahora en el rol de sirvientes de ellas, sino también porque nos han convencido de que necesitamos un montón de cosas y que la única forma de conseguirlas es mediante la despiadada rutina de un trabajo que resulta ser un medio y no un fin; un círculo vicioso de vidas correctamente planificadas, llenas de tecnología, pero sin tiempo para ser vividas; esclavos de las máquinas, pero también esclavos del propósito, de la inmediatez, sirvientes de una letal máquina invisible.

Para comenzar a trabajar el texto tomamos la última parte del ensayo que dice: “…pero, asegurando su vida, el hombre, hasta ahora, ha asegurado su esclavitud”. Por su contundencia, esta frase la asociamos inmediatamente a un tremendo riff y a una muralla de distorsión, y, a partir de ahí, nos fuimos acercando a la idea de música que queríamos lograr y a la construcción de todo el texto-melodía; incorporamos también sonidos tipo rock espacial, un poco tomando como referencia sonoridades cercanas a películas clásicas de ciencia ficción, con timbres de sintetizador, efectos análogos y teclado; buscamos un poco por ese lado, pero siempre sintiendo la temática absolutamente en tiempo presente y aferrándonos a la potente idea expuesta en el texto original.

No puedo dejar de mencionar y agradecer a Daniel Muñoz Rojas, quien amablemente nos propuso la idea de inspirarnos en este interesante trabajo literario.


La banda ANICETO / 2015 es…

  • Marcelle Orellana: voz y teclado
  • Iván Toledo: guitarra, composición y textos
  • Rodrigo Quiroz: bajo
  • Andrés Ibáñez: batería
Banda Aniceto: Lanzallamas / Sobre un trampolín (2013)


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> Las máquinas de Erewhon

15.07.SamuelButlerEl libro del escritor inglés Samuel Butler (1835-1902), titulado “Erewhon or over the range”, se publicó en 1872. Anagrama de la conjunción now (ahora) y here (aquí), es un relato que comienza en las haciendas ganaderas de Nueva Zelanda, y prosigue con el viaje que emprende el autor y protagonista hacia el país emplazado “más allá de las montañas”, lugar donde las máquinas fueron prohibidas y eliminadas. En clara analogía con los símbolos de la revolución industrial, aquí se conservan como reliquias, estaciones y trenes de ferrocarril.

Sin embargo, lo que en un comienzo aparece como una utopía romántica y pre-moderna, con el correr de las páginas deviene en desilusión: el cuestionamiento a la razón se transforma en sin-razón, y la sociedad idealizada, en un infierno desatado. Crítica a la sociedad inglesa victoriana, quizás uno de los pasajes más interesantes de la novela sea el “Libro de las máquinas”. Reseñado en este ensayo por Manuel Rojas, se reproduce el momento en el que el narrador transcribe el manuscrito que explica las razones de la eliminación de los artefactos tecnológicos.

En pleno contexto de entreguerras, un evidente cuestionamiento a la idea de progreso subyace en la inclusión de esta obra literaria que alerta sobre las nuevas formas de esclavitud moderna: los hombres y su conocimiento al servicio de las máquinas.

Manuel Rojas publicó originalmente este ensayo en 1929, en la Revista Atenea de Concepción. Luego fue incluido en su libro “De la poesía a la Revolución” aparecido en 1938 y que la editorial LOM reeditará este año.

> IV Feria del Libro de Villa Alemana

15.07.FeriadelLibroVillaAlemna

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