Poéticas fronterizas

Fundación Manuel Rojas. Santiago de Chile, 19 de enero de 2013

Tras una larga búsqueda, la Fundación Manuel Rojas ha logrado dar con la primera publicación de Manuel Rojas en la vecina ciudad de Mendoza, edición realizada hace ya 91 años. Gracias a Ediciones LOM y a los Anales de Literatura Chilena de la Universidad Católica de Chile fue posible reproducir, en una edición facsimilar, la que, en rigor, es la primera publicación monográfica de Manuel Rojas.

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Poéticas fronterizas

Raúl Silva Castro caracterizó a la literatura de Manuel Rojas como “fronteriza”, pensando en que el material literario, hechos, paisajes y personajes que poblaban parte importante de su obra, se situaba en uno y otro lado de la extensa Cordillera de Los Andes. Aquello le habría permitido ampliar el repertorio de tipos humanos y de temas. No podía ser de otro modo para un chileno nacido en Buenos Aires y que pasara la mayor parte de su infancia y adolescencia en la capital trasandina y en las ciudades de Rosario y Mendoza.

Toda frontera conlleva un traspaso o una transición y para la trayectoria literaria de Rojas la relación entre ambos países se asocia estrechamente con el paso que dio de la lírica a la narración. Precisamente, es en Buenos Aires que Rojas se decide a incursionar en la narrativa, presentando su relato Laguna al concurso que llamara el periódico La Montaña, promovido por el que, a poco andar, sería conocido como el Grupo Boedo. El segundo premio alcanzado por Rojas en 1922, con el relato de aquella aventura cordillerana de su fatal amigo, iniciaría su vasta trayectoria de narrador.

Rojas había regresado a su país natal un año antes, como apuntador y consueta de la compañía teatral de Arturo Mario y María Padín. Es a su paso por Mendoza donde se produce el hecho que ahora nos ocupa: la naciente revista Ideas y Figuras le dedica su tercer número a una colección de 9 de sus poemas, reunidos bajo el título de Poéticas. De esta publicación quincenal de pequeño formato, se alcanzaron a editar 13 números, desde julio de 1921 hasta enero de 1922.

Tipógrafo de manos ágiles

Manuel Rojas había pasado parte de su juventud en la por entonces pequeña localidad de Mendoza. Una vez más y en compañía de su madre, había llegado desde Buenos Aires a mediados de 1910 instalándose, como era su costumbre y posibilidad, en un par de habitaciones de una casa de inquilinato. En la capital cuyana, Rojas se dedica a variadas ocupaciones: ayudante de electricista, vendimiador y trabajos varios como peón en faenas del campo, en diversas localidades de la provincia. Diferentes oficios que lo vinculan con individuos que se ganan la vida como obreros independientes, renuentes a las órdenes de patrones, características favorables para las convicciones libertarias de aquellos años. Entre estos, muchos compañeros esporádicos de Rojas, destaca el tipógrafo primero, luego linotipista, Miguel Lauretti: “delgado y escéptico, hijo de inmigrantes venecianos; tenía un hermoso e inteligente rostro, ojos verdes y ondulado cabello rubio”. A este descripción, Rojas agrega un dato decisivo: “puso en manos de Aniceto Hevia los primeros libros de poesías, descubriéndole un mundo que el hijo de ladrón ni siquiera sospechaba…”. Poetas argentinos y uruguayos: Leopoldo Lugones, Julio Herrera y Reissig y Delmira Agustini. Y también a Víctor Hugo y su Leyenda de los siglos, al colombiano José María Vargas Vila y al español Eduardo Zamacois. “Descubrí en esos libros algo que ni siquiera había soñado alguna vez… Aquello, era para mí, mucho más grande que cualquier cosa o hecho que hubiese conocido hasta entonces: era como contemplar un misterio cuyos elementos eran imposibles de describir y de explicar… ¿Cuánto había que vivir y trabajar para llegar a ello?”.

La azarosa y esforzada vida de Rojas y su trabajo incansable, esmerado y minucioso dieron respuesta a esas preguntas de juventud. Rojas era consciente de la deuda con su compañero mendocino: “Cuando supo que me había convertido en poeta se sorprendió e impresionó mucho. Pensaría, de seguro, que algo le debía a él, y pensaba bien”. Sorpresa e impresión que llevó a Lauretti a hablar con el periodista Antonio Ferrer, que iniciaba la dirección de Ideas y Figuras, y proponerle la publicación de todos los poemas que hasta entonces había escrito Manuel Rojas. Y así se hizo en el tercer número fechado el 30 de julio de 1921. La nota de presentación, firmada por “La Dirección”, fue redactada por el propio Miguel Lauretti, eso explica los datos vivenciales y precisos que contiene: las charlas en el paseo de la Alameda Carolina, junto a la avenida San Martín; datos biográficos como el asalto a la imprenta Numen, del que Rojas fue testigo directo ya que se encontraba trabajando como linotipista esa noche del 19 de julio de 1920; su colaboración con el periódico anarquista La Batalla, como redactor; y la enumeración de publicaciones donde habían figurado poemas de Rojas como en Juventud, revista de la Federación de Estudiantes de Chile, en la que aparecen Abs y Palabras a mi corazón, que a pie de página incluye el comentario de un joven Neruda: “Noble serenidad del verso de Manuel Rojas. Parece que brotara del fondo mismo de un alma macerada en la belleza, sabia en exprimir, de si misma, un divino y puro licor de poesía”.

Poco sabemos de la corta existencia del tipógrafo Lauretti… que nació en 1892 y murió con 42 años en 1934 y que desde el anarquismo transitó a la masonería. Casado, al parecer habría tenido un hijo. Eso es todo. Muy poco sobre quién le abriera el horizonte literario a un joven amigo que llegaría a convertirse en una de las más grandes figuras de la narrativa chilena.

Manuel Rojas deja Mendoza en 1912, luego de trabajar como obrero para el Ferrocarril Trasandino en la alta Cordillera. “Un día Rojas se fue..”, dice Lauretti y más adelante señala: “La compañía chilena de Arturo Mario y María Padín nos ha devuelto a este viejo camarada… Gracias a ello Ideas y Figuras puede hoy ofrecer a Mendoza algunas bellas páginas, que serán al ambiente provinciano algo así como un vino generoso a un cuerpo enfermo”.

Publicación en Chile

Un siglo después de esta experiencia fronteriza, la Fundación Manuel Rojas ha traído de vuelta una publicación desconocida en nuestro medio e inexistente en las bibliotecas nacionales. Este hallazgo fue posible gracias a Gonzalo Córdoba, joven mendocino estudiante de Literatura, quien, con algunas pistas en la mano, dio con el único ejemplar en Mendoza. La edición facsimilar publicada por Ediciones LOM y los Anales de Literatura Chilena, es fruto de la generosidad y visión del escritor y profesor Pedro Lastra y de la Biblioteca Pública General San Martín de Mendoza que, a través del trabajo de Ramiro Quiroga, nos facilitó la digitalización del valioso ejemplar. Todos ellos han hecho posible que, a través de esta temprana obra, Manuel Rojas cruce nuevamente la frontera cordillerana como lo hiciera hace ya un siglo.


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